En el pequeño pueblo rumano de Sapantza, la muerte se celebra con humor. Sus coloridas lápidas, versos irónicos y epitafios revelan secretos, travesuras y anécdotas de los difuntos, convirtiendo al cementerio en un atractivo turístico único.
15/01/2026 10:08
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En Sapantza, un remoto pueblo de Rumania cerca de Ucrania, la muerte no se vive con solemnidad: se celebra con humor y descaro. Fundado en 1935, su cementerio se hizo famoso como “el más feliz del mundo” gracias a sus cruces coloridas, epitafios irreverentes y poemas que narran la vida de los fallecidos en primera persona.
Allí, nada se oculta: algunos versos mencionan tabernas, alcohol y travesuras, mientras que las imágenes talladas muestran cómo murió cada persona. La tradición no discrimina: esposas, maridos y vecinos dejan mensajes que mezclan humor, ironía y afecto, incluso burlándose de los difuntos cuando lo merecen.
El legado continúa gracias a Dumitru Pop Tincu, discípulo del creador del cementerio, Stan Ioan Patras. Desde 1977, Tincu restauró y talló nuevas cruces, manteniendo viva la tradición de revelar verdades, secretos y gestos de humor que reflejan la vida de la comunidad.
El cementerio de Sapantza no solo conserva historias alegres y trágicas, como el epitafio de una niña fallecida en accidente, sino que se ha convertido en un destino turístico obligado para quienes buscan una mirada distinta a la muerte: honesta, divertida y sin filtros.
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