Andreína Lamota Solís recibió la pena máxima tras asfixiar, desmembrar y esconder los restos de su progenitora en una lavadora. El caso conmocionó al continente por la frialdad con la que simuló que la víctima seguía viva.
20/02/2026 19:09
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La justicia ecuatoriana dictó este viernes 20 de febrero una sentencia ejemplar de 40 años de prisión contra Andreína Lamota Solís, de 32 años, por el asesinato y posterior desmembramiento de su madre, Martha Cecilia Solís. El tribunal la halló culpable de homicidio agravado con alevosía y ensañamiento, aplicando la pena máxima establecida en el código penal del país.
Un crimen de frialdad extrema
El caso, que salió a la luz en octubre de 2025 en un barrio del norte de Guayaquil, dejó atónitos a los investigadores no solo por la brutalidad del acto, sino por la sofisticada manipulación que Lamota empleó para encubrir el parricidio durante días.
Según las pruebas presentadas por la Fiscalía, la ahora sentenciada asfixió a su madre y luego adquirió una sierra eléctrica, una amoladora y varios cuchillos para desmembrar el cadáver. Los restos fueron hallados semanas después por la policía, ocultos de forma macabra dentro de una lavadora y recipientes plásticos en la vivienda que ambas compartían.
Coartada digital: Audios con IA y falsos rastreos
Lo que diferencia este caso de otros crímenes violentos fue el uso de la tecnología por parte de la acusada. Para evitar sospechas entre sus familiares, Lamota utilizó herramientas de Inteligencia Artificial para clonar la voz de su madre. A través de audios enviados por WhatsApp, simulaba que la víctima se encontraba bien, retrasando así la denuncia de desaparición.
Además, la mujer ejecutó un plan de distracción física:
Suplantación de identidad: Solicitó taxis por aplicación haciéndose pasar por su madre para abandonar sus zapatos en los vehículos.
Geolocalización falsa: Trasladó el teléfono de la víctima a zonas alejadas, como un hospital en el sur de la ciudad, para confundir el rastreo satelital de la policía.
"La descuartizadora de Sauces"
Durante el proceso, se reveló que Lamota actuó con total frialdad, confesando el crimen tras ser acorralada por el olor que alertó a los vecinos. La Fiscalía detalló que la víctima, de 49 años, fue sometida a un sufrimiento innecesario antes y después de morir, lo que permitió elevar la condena a los 40 años efectivos de cárcel.
El veredicto cierra uno de los capítulos más oscuros de la crónica roja ecuatoriana, dejando un precedente sobre cómo los criminales están comenzando a utilizar la tecnología digital para fabricar coartadas y manipular a los deudos.
Con información de Ecuavisa, Extra y Metro Ecuador.
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