10/01/2026 18:28
Escuchar esta nota
En diciembre de 2010, el gobierno de Evo Morales emitió el Decreto Supremo 748, que ajustó los precios de gasolina y diésel al alza para reducir el subsidio fiscal. Esto generó protestas masivas y fue abrogado por el Decreto Supremo 759 el 31 de diciembre de 2010, cuatro días después. Los precios de los combustibles sufrieron ajustes de entre 57% (gasolina especial) y 82% (diésel) antes de la abrogación, lo que desató protestas y paros a nivel nacional.
El 18 de diciembre de 2025, el gobierno de Rodrigo Paz emitió el Decreto Supremo 5503, un paquete de emergencia económica que eliminó subsidios a los combustibles que habían estado vigentes por dos décadas, elevando precios de gasolina y diésel en más de 80% y 160%, respectivamente. Este ajuste no fue abrogado, está en vigencia (y ha generado protestas y bloqueos), y forma parte de un paquete más amplio que incluye estímulos fiscales, medidas macroeconómicas y alivios a sectores sociales y productivos.
Los datos oficiales confirman una respuesta inflacionaria evidente tras cada ajuste de precios de combustibles: Para el primer episodio, la inflación mensual aumentó de manera sostenida desde mediados de 2010 hasta marzo de 2011, con picos por encima de 1.7% mensual justo durante el shock de precios de diciembre, y la inflación interanual pasó de 2.16% en julio 2010 a más de 11% en marzo 2011, reflejando un efecto estadístico persistente incluso después de que la medida fuera abrogada. Esto sugiere que incluso una política de precios con vida útil muy corta (cuatro días en diciembre 2010) impactó la trayectoria de precios de modo significativo y sostenido durante trimestres posteriores, probablemente vía canales de transmisión de expectativas, costo de transporte y cadenas de precios de bienes finales.
Para el segundo episodio, la inflación acumulada de 2025 cerró por encima del 20%, muy superior a metas oficiales y a la tendencia de años previos, sin embargo, queda claro que, La inflación general ya era alta antes de la emisión del DS 5503, debido a presiones por escasez de combustibles, falta de divisas, transportes y costos logísticos (que habían elevado precios de alimentos y bienes).
Dicho esto, se pueden identificar las siguientes similitudes y diferencias entre ambas disposiciones; entre las similitudes, los efectos de transmisión de precios pues en ambos episodios, el ajuste de combustibles actuó como choque de oferta al alza de costos logísticos y de transporte, que se transmitió rápidamente a precios de bienes finales. En 2010–2011, incluso tras abrogación, los precios siguieron ascendiendo meses después y en 2025, la eliminación de subsidios ocurrió en un contexto de inflación ya elevada, lo que genera un efecto de aceleración de expectativas. El impacto social y político, en ambos casos hubo protestas y presión social, aunque de diferente intensidad e inserción política, En 2010, el rechazo fue masivo, obligando al gobierno a revocar la medida y en 2025, las protestas siguen en curso, aunque según algunos analistas, con sectores sindicales fragmentados respecto a su apoyo o rechazo.
Entre las diferencias, el contexto macroeconómico en 2010 Bolivia tenía inflación de un dígito y menores presiones externas directas. La expectativa de precios se fue deteriorando tras choque de combustibles, pero sobre un punto de partida relativamente estable. En 2025, Bolivia ya enfrentaba inflación interanual de dos dígitos, escasez de divisas y presión cambiaria. El ajuste de combustibles se superpuso a un ciclo de inflación acelerada y restricciones de oferta, a su vez el 2010 Bolivia destinó $us380 millones para subvención de diésel y gasolina –pero tuvo un superávit fiscal de 1.7% del PIB–, cifra que para el 2025 se estima cercana a los $us2.800.- millones –para un déficit fiscal de -12.7% del PIB–. En cuanto al diseño de política, el 2010 hubo incremento brusco y descoordinado, sin mecanismos de compensación diseñados adecuadamente, en 2025 el ajuste ocurrido en el marco de un Decreto de emergencia con múltiples medidas, que anticipa controles, incentivos e intervenciones de estabilización, aunque aún con desafíos de operacionalización.
Desde una lectura de significancia estadística, para el caso del 2010 si asumimos que la inflación mensual sigue un proceso autoregresivo de primer orden AR(1), un aumento exógeno en la inflación de combustibles puede representar un shock transitorio con persistencia: El promedio mensual previo a diciembre 2010 (jul–nov) fue ≈1.0%, en diciembre 2010, alcanzó 1.76% → efecto significativo con p-valores típicamente bajos en modelos de series de tiempo (p<0.05 en contrastes AR(1) para una ruptura estructural) y al mantenerse por encima de 1% en trimestres siguientes indica persistencia estadística, no mera casualidad sino efecto atribuible al shock de precios.
Para el caso del 2025, dado que el IPC 12 meses en 2025 fue de 20.40% (mucho mayor que en años cercanos), y que los combustibles representan una parte significativa de los índices de precios y de los costos de producción, es plausible que el ajuste de combustibles haya contribuido decisivamente al incremento en la varianza del IPC. Estudios simulados (como los del INESAD) proyectan que un ajuste abrupto por sí solo puede empujar la inflación interanual hasta picos cercanos al 32% si no hay amortiguadores macroeconómicos sólidos. Esto sugiere un efecto causal estadísticamente significativo, no un simple correlato.
¿Qué se puede prever a corto plazo considerando las próximas elecciones de gobernadores y alcaldes? Sintetizado en ocho frentes: Primero, incremento de costos de transporte y alimentos que se incorporan con rezago en el IPC general, Segundo; expectativas de inflación alta que tienden a anclar por arriba, especialmente si el tipo de cambio paralelo continúa presionado, Tercero; efectos temporales de escalada en precios de servicios e insumos urbanos, Cuarto; si el paquete de medidas complementarias logra moderar la inflación de oferta, el crecimiento mensual del IPC podría desacelerar, aunque desde niveles elevados, Quinto; las protestas y bloqueos podrían intensificarse si los grupos afectados no perciben mejoras tangibles en los precios, Sexto; los sectores medios urbanos y pequeños productores pueden volverse más sensibles a incrementos de precios de alimentos y transporte, Séptimo; si la inflación se modera gradualmente sin revertir la política de combustibles, esto podría ser percibido como una señal de estabilidad macroeconómica, aunque con costo social, y, por último; si la inflación vuelve a acelerarse por presiones externas o desequilibrios cambiarios, el impacto político adverso podría ser mayor.
En conclusión, Primero; no hay duda técnica de que los ajustes de precios de combustibles tienen efectos significativos sobre la inflación agregada, incluso cuando la medida es de corta duración. La experiencia de 2010 muestra que el shock dejó una huella visible en la trayectoria de precios por trimestres, Segundo; en 2025, el ajuste ocurre sobre una inflación ya elevada, lo que amplifica su impacto por interacción con expectativas y canales de costos. Estudios técnicos proyectan que un shock abrupto solo podría elevar la inflación interanual hasta más de 32% sin amortiguadores, Tercero; el efecto político y social es heterogéneo pero persistente: sectores más vulnerables y dependientes del transporte sienten más los choques de precios; el ajuste puede reconfigurar la percepción de política económica del gobierno en años electorales, y, finalmente es fundamental que para clarificar que el ajuste de combustibles forma parte de un paquete de estabilización, a fin de mitigar percepciones de choque «desordenado» que incrementan las expectativas inflacionarias, es fundamental el Fortalecimiento de Canales de Comunicación.
Aviso Editorial de Red Uno - Los artículos que son publicados en nuestra sección Opinión dentro de reduno.com.bo, corresponden únicamente al criterio de sus autores y no son parte de la línea editorial de Red Uno.
Mira la programación en Red Uno Play
07:00
08:00
08:15
08:30
09:00
09:30
07:00
08:00
08:15
08:30
09:00
09:30
