No es solo falta de comida: científicos revelan que el enojo por hambre depende de cómo tu cuerpo interpreta sus propias señales y de tus hábitos diarios.
18/02/2026 12:01
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¿Te pasa que, cuando no comes a tiempo, todo te molesta? ¿Una fila, un mensaje, una palabra fuera de lugar? No estás solo. La ciencia confirma que el “mal humor por hambre” es real, pero no afecta a todos por igual.
Mientras algunas personas siguen tranquilas aunque pasen horas sin comer, otras pierden la paciencia en minutos. ¿La razón? Una combinación de cuerpo, mente y entorno.
Escuchar al cuerpo: la clave está en la interocepción
Según Nils Kroemer, profesor en la Universidad de Tubinga** y la Universidad de Bonn, la clave está en una habilidad llamada interocepción.
Es la capacidad de percibir lo que pasa dentro del cuerpo: hambre, cansancio, sed, tensión.
Quienes reconocen estas señales a tiempo pueden anticiparse: comen antes, se regulan y evitan explotar.
En cambio, quienes no las detectan, se dan cuenta… cuando ya están enojados.
El estudio que lo confirmó
Kroemer lideró una investigación con 90 adultos durante un mes. Los participantes usaron sensores de glucosa y registraron su humor y nivel de hambre.
El resultado fue claro:
El mal humor no aparecía solo por tener baja glucosa.
Surgía cuando la persona era consciente de que tenía hambre.
Es decir: no es solo el cuerpo, también es cómo lo interpretas.
Cerebro, emociones y hambre: un circuito invisible
Cuando falta energía, el cerebro activa una alerta:
El hipotálamo detecta el problema.
La corteza insular lo convierte en emoción.
Si este circuito funciona bien, reaccionamos de forma equilibrada: buscamos comida y seguimos.
Si falla, aparece la irritación impulsiva.
Por eso los niños pequeños, que aún no desarrollan este sistema, suelen tener “pataletas” cuando tienen hambre. Y en adultos, el estrés y la rutina acelerada empeoran el problema.
Genética, crianza y hábitos: lo que también influye
No todo depende del cerebro. También influyen:
La genética (cómo procesa tu cuerpo la glucosa)
La infancia y los horarios de comida
Las experiencias emocionales ligadas al alimento
Las dietas estrictas
Saltarse comidas
Dormir mal
Quienes crecieron con horarios irregulares suelen reaccionar peor ante la espera. El cuerpo aprendió que “hambre = problema”.
El entorno también importa
El contexto social influye más de lo que parece.
En entornos donde:
No hay pausas para comer
Se prioriza el trabajo sobre el autocuidado
Se normaliza “aguantar”
…el enojo por hambre es más frecuente.
En cambio, en culturas donde comer es parte del ritmo diario, el impacto emocional es menor.
Cómo prevenir el enojo por hambre
Los especialistas recomiendan:
Comer en horarios regulares
Elegir alimentos que den energía sostenida
Mantenerse hidratado
Hacer actividad física
Prestar atención a las señales del cuerpo
Pequeños cambios pueden evitar grandes explosiones.
No es debilidad, es una señal
Enojarse por hambre no es inmadurez.
No es exageración.
No es “drama”.
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