La sentencia pone en cuestión el uso de la imagen desde el Estado y advierte sobre límites en la comunicación oficial.
18/03/2026 8:02
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La reciente sentencia condenatoria contra Arturo Murillo por difamación a Lourdes Pacheco, no solo marca un avance judicial, sino que instala un debate de fondo sobre los límites del poder estatal y el uso de la imagen de ciudadanos desde instancias oficiales.
El abogado defensor de la víctima, Frank Campero, sostuvo que el caso evidencia una práctica recurrente que vulnera derechos fundamentales.
“No es simplemente publicar una imagen o un nombre; se está afectando la honra, la intimidad y la dignidad de una persona. Este caso es delicado porque se expone públicamente a alguien sin certeza jurídica, y luego se confirma su inocencia”, afirmó.
El proceso se originó tras la difusión de información oficial que involucró a una persona posteriormente declarada inocente, lo que derivó en una demanda por daño a la imagen.
Dijo que más allá de la sanción, el fallo plantea cuestionamientos sobre cómo operan las instituciones.
“Esto debe marcar un antes y un después. Las autoridades deben tener certeza antes de emitir cualquier comunicado oficial”, enfatizó Campero.
El jurista también advirtió que estas acciones pueden generar consecuencias económicas para el país, porque será el Estado quien pague la indemnización a raíz de un error cometido por un servidor público.
En ese contexto, Campero señaló que se abre la discusión sobre la responsabilidad individual frente a la institucional.
Mientras la defensa plantea que Murillo actuó como autoridad estatal, también se prevé que el Estado pueda iniciar acciones posteriores para recuperar los recursos.
El caso, además, deja en evidencia la necesidad de fortalecer los criterios de comunicación pública y el respeto a los derechos fundamentales, especialmente en contextos donde la exposición mediática puede generar daños irreparables.
La decisión judicial aún puede ser apelada, pero ya marca un precedente sobre los riesgos del uso indebido del poder y la importancia de resguardar la dignidad de las personas desde el Estado.
El caso de la bebé Samantha se remonta a septiembre de 2020, cuando con apenas un mes de nacida fue arrebatada por una mujer en la zona de Villa Fátima, en la ciudad de La Paz.
El entonces ministro Arturo Murillo informó a través de sus redes sociales que la bebé había sido rescatada y que la supuesta secuestradora se encontraba detenida. Sin embargo, posteriormente se estableció que la acusación fue errónea, lo que derivó en acciones legales por parte de la familia afectada.
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