INTERNACIONAL

Red Uno Bolivia.- El asesinato del periodista Jamal Khashoggi en el consulado saudí de Estambul ha puesto en jaque a todas las autoridades. El New York Times habla de las últimas horas de este periodista quien habría sido sometido a torturas antes de ser ejecutado. Su cuerpo aún no ha aparecido.

Fue el pasado 2 de octubre cuando se le perdió el rastro, las cámaras de seguridad del consulado registraron el momento en el que Khashoggi entró en la administración en busca de unos documentos. Khashoggi, exiliado desde 2017 en Estados Unidos, estaba prometido con una mujer turca y necesitaba recoger unos papeles para contraer matrimonio. A las 13:14 registraron su entrada en la legación diplomática, y desde entonces no se sabe más de él.

El New York Times, asegura que le golpearon, le amputaron los dedos, le degollaron vivo y luego le desmembraron, pues ese mismo día, aterrizan en Estambul un grupo de 15 hombres. Lo hacen en aviones distintos y pertenecen a los servicios secretos de Arabia Saudí. Al menos cinco de ellos forman parte del equipo que habitualmente escolta al príncipe heredero Mohammed bin Salman. Según la reconstrucción de los medios turcos, esos hombres habrían sido los autores materiales de estos hechos. Aunque la investigación sigue su curso y aún no se ha emitido una versión oficial. Khashoggi todavía sigue en paradero desconocido.

La información que ha trascendido en medios locales, citada por el New York Times, asegura que le golpearon, le amputaron los dedos, le degollaron vivo y luego le desmembraron. También se cree que estos hechos podrían estar registrados en un vídeo pero este aún no ha visto la luz. Murió presuntamente tras siete minutos de auténtico calvario.

Según el New York Times, Arabia Saudí podría estar planeando emitir la versión de que Khashoggi murió bajo custodia durante un interrogatorio cruel y violento. Pretenden cargar las culpas a un funcionario amigo del príncipe heredero y así desmontar la teoría de que su asesinato fue planeado y ordenado desde las más altas esferas, afines al rey Salman y al príncipe heredero, Mohammed bin Salman.

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Khashoggi estaba puesto bajo lupa por el gobierno de su país natal por su posición crítica contra la monarquía saudí. Este sería el principal móvil del asesinato: cargarse a un periodista opositor. El periodista, residenciado en Estados Unidos, escribía en el Washington Post. Su columna póstuma se titula “Lo que más necesita el mundo árabe es libertad de expresión”. Y se lee dolorosa e incómoda, como un terrible augurio que finalmente parece haberse cumplido:

Una narrativa dirigida por el Estado domina la opinión pública, y si bien muchos no la creen, una gran mayoría de la población es víctima de esta falsa narrativa. Lamentablemente, esta situación es poco probable que cambie“, reza el escrito.

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